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sábado, 21 de enero de 2006

Tierras de cristal (Alessandro Baricco)

- 24 -

Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonido que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva.

- 25 -

Simplemente, sin que ni un solo rasgo de su rostro se moviera, y absolutamente en silencio, empezó a llorar, de ese modo que es un modo bellísimo, el secreto de unos pocos: los que lloran sólo con los ojos, como vasos llenos hasta arriba de tristeza, impasibles hasta que aquella gota de más al final los vence y se desliza por los bordes, seguida después por otras mil, y permanecen inmóviles allí mientras les cae encima su exiguo fracaso.

- 55 -

El sexo borra pedazos de vida que uno no es capaz de imaginarse. Quizá sea estúpido, pero la gente se abraza con ese extraño furor ligeramente pánico y la vida sale de él estrujada como un papelito apretado en un puño, escondido con un gesto nervioso de temor. Un poco por azar, un poco por fortuna, desaparecen en los pliegues de esa vida apelotonada jirones de tiempo dolorosos, o cobardes, o nunca comprendidos. Así es.

- 57 -

(…) estamos aferrados al tiempo, ésa es la verdad, porque el tiempo numera los conatos de ser que somos, minuto a minuto…

- 65 -

(…) "leer" no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser seducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo. No se leería, nada, si no fuera por miedo. O para aplazar la tentación de un incontrolable deseo al que, se sabe, no sabremos resistirnos. (…) Un libro abierto siempre es el certificado de la presencia de un infame -los ojos clavados en aquellas líneas para no dejarse robar la mirada por el ardor del mundo -las palabras que una a una comprimen el fragor del mundo en un embudo opaco hasta hacerlo gotear en pequeñas formas de cristal que se llaman libros -la forma más refnada de batirse en retirada, ésa es la verdad. Una porquería. Pero: "dulcísima". Esto es importante y será necesario recondarlo siempre, y transmitirlo, cada vez, de enfermo a enfermo, como un secreto, el secreto, que nunca desaparezca en la renuncia de alguien, que sobreviva para siempre por lo menos en la memoria de un alma agotada, y allí resuene como un veredicto capaz de acallar a quien sea: leer es una porquería dulcísima.

- 66 -

¿Quién puede comprender nada de la dulzura si nunca ha reclinado su propia vida, la vida entera, sobre la primera línea de la primera página de un libro?

- 135 -

(…) cuando la gente te diga que te has equivocado… y tengas errores por todas partes a tus espaldas, que te la sople. Recuérdalo, que te la sople. Todas las bolas de cristal que habrás roto no eran más que la vida… ésos no son errores… es la vida… y la vida verdadera tal vez sea precisamente la que se rompe, esa vida entre cien que al final se rompe…… yo esto lo he comprendido, que el mundo está repleto de gente que va por ahí con sus pequeñas canicas en el bolsillo… sus pequeñas y tristes canicas irrompibles… así que tú, pues, no dejes nunca de soplar en tus esferas de cristal… son hermosas (…) …no abandones nunca… y si un día estallan, eso también será la vida, a su manera… una maravillosa vida.

- 148 -

(…) la vida es esencialmente incoherente y la previsibilidad de los acontecimientos un ilusorio consuelo.

- 181 -

(…) al final hay siempre un mar en el que desembocar, para cualquier río…

- 231 -

Pero cuando te entran esas ganas enloquecidas de llorar, que te estrujan entero, que no consigues detener, entonces no hay manera de balbucir ni una sola palabra, no te sale nada, todo se te vuelve para atrás, todo dentro, engullido por esos malditos sollozos, naufragado en el silencio de esas estúpidas lágrimas. Maldición. Con todo lo que uno quisiera decir… Y, en cambio, nada, no sale nada.

miércoles, 21 de septiembre de 2005

Homero. Ilíada (Alessandro Baricco)

- 182 -

La palabra es el arma con que congelan la guerra. Incluso cuando están discutiendo cómo hay que hacer la guerra, mientras tanto no la están haciendo; y ésta es, también, una manera de salvarse. Todos ellos son condenados a muerte, y están haciendo que su último cigarrillo dure una eternidad. Y se lo fuman con las palabras. Luego, cuando de verdad entran en combate, se transforman en héroes ciegos, olvidados de cualquier escapatoria, fanáticamente entregados a su deber. Pero antes…, antes ha sido un tiempo largo, femenino, de lentitudes sabias, y miradas hacia atrás, de niñez.

- 186 -

(…) la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos precindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro; (…) encontrar una dimensión ética, incluso muy elevada, sin tener que ir a buscarla en los confines de la muerte; encontrarse a uno mismo en la intensidad de lugares y momentos que no sean una trinchera; conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al "doping" de la guerra o a la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir.

lunes, 20 de octubre de 2003

Seda (Alessandro Baricco)

- 38 -

Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

- 55 -

Tenía los labios entrecerrados, parecían la prehistoria de una sonrisa.

- 67 -

Antes de salir, miró una última vez hacia ella. Le estaba mirando, con ojos completamente mudos, a una distancia de siglos.

- 102 -

- Es un dolor extraño.
En voz baja.
- Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.