viernes, 1 de agosto de 2003

Sefarad (Antonio Muñoz Molina)

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Pero se han ido haciendo mayores sin que nos diéramos cuenta y se nos vuelven unos desconocidos, huéspedes huraños de nuestra misma casa, encerrados en esos cuartos que se han vuelto como madrigueras sombrías, de las que salen a veces músicas insufribles, olores o ruidos que preferimos no identificar.

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Nada de lo que a nosostros nos gusta tiene ya significado para ellos, y de ven en cuando se nos quedan mirando con lástima o con indiferencia y nos hacen sentirnos ridículos, vernos a través de lo que ven sus ojos en nosotros, gente gastada y mayor a la que no sienten que deban agradecer nada, que les provoca sobre todo irritación y aburrimiento, y de la que se apartan como queriendo desprenderse de las telarañas sucias del polvo del tiempo al que nosotros pretenecemos, el pasado.

lunes, 21 de julio de 2003

La Papisa Juana (Lawrence Royidis)

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Nada hay más dulce que las lágrimas cuando tenemos una mano pronta a enjugarlas, o un par de labios ansiosos por besar esa lluvia del corazón, como las llaman los hindúes. Cuando uno llora solo, las lágrimas son verdaderas y amargas, como todas las verdades del mundo.

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Para disfrutar adecuadamente de la naturaleza el corazón y el estómago deben estar tranquilos. De otra forma el sol nos parece una máquina para madurar melones, la luna una linterna para los rateros, los árboles una cantidad de leña, el mar salmuera y todo el conjunto de la vida tan desprovisto de sustancia como un zapallo hervido en agua.

miércoles, 11 de junio de 2003

La boda del poeta (Antonio Skármeta)

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Somos los sucesores de un número interminable de asesinos. Llevamos las ansias de matar en la sangre. Sólo mediante la guerra dejamos caer las máscaras culturales y permitimos que las bestias primitivas muestren su rostro.

miércoles, 21 de mayo de 2003

No mires debajo de la cama (Juan José Millás)

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Lo enterraron con el pie amputado, a modo de mortaja, y desde entonces, me siento dividido, fragmentado, incompleto. Antes parecíamos dos, como cualquiera de vosotros, pero éramos uno, porque ahora que parezco uno sé que soy medio.

lunes, 14 de abril de 2003

La chica del trombón (Antonio Skármeta)

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Donde no hubiera vida iba a imaginarla con tantas ganas que en algún momento tendría que ser realidad. Aunque después esa realidad me moliera, me hiciese papilla y me devolviera al barro y el estiércol original. Si me negaban el mundo, yo saldría a buscarlo.

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¡Que no la pierdas, que no se deshaga este pequeño amor como la espuma sobre el musgo! ¡Que el aliento te alcance hasta arribar al gélido metal de ese navío que no oye la fiera que ruge y clama en tu corazón! ¡Que haya un secreto tratado de compensaciones donde a tu holocausto siga un mínimo paraíso y las turbulencias de tu alma sean aquietadas por el bondadoso azar! ¡Mil veces te vi a lo largo de los años y nunca mi arrogancia imaginó que en las entretelas de tu mansedumbre había un animal profundo capaz de sentir hasta el suicidio! ¡Que Dios y el océano ritual de alas encrespadas te lleven a puerto seguro!¡Te mereces toda la piel azul del cielo!

viernes, 21 de marzo de 2003

El club Dumas (Arturo Pérez Reverte)

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La luna despuntaba con tonos de seda cruda al extremo de la noche.

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En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria

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Más a menudo de lo que la gente cree, las cosas son lo que uno quiere que sean.

lunes, 3 de marzo de 2003

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (Gabriel García Márquez)

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…pero mientras más evocaba al marido muerto más le borboritaba y se le volvía chocolate la sangre en el corazón, como si en vez de estar sentada estuviera corriendo, empapada de escalofríos y con la respiración llena de tierra…

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La hinchazón le reventó los cordones de las polainas y las costuras de la ropa, los dedos se le amorcillaron por la presión de las sortijas, se puso del color del venado en salmuera y le salieron por la culata unos requiebros de postrimerías, así que que todo el que había visto un picado de culebra sabía que se estaba pudriendo antes de morir y que iba a quedar tan demigajado que tendrían que recogerlo con una pala para echarlo dentro de un saco…