lunes, 6 de septiembre de 2004

El Enigma del Cuatro (Ian Caldwell - Dustin Thomason)

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El tiempo es una cosa extraña. Pesa más sobre quienes menos lo tienen. Nada es más leve que ser joven y llevar el mundo a las espaldas; la sensación de lo posible es tan seductora que tienes la certeza de que podrías dedicarte a algo más importante que estudiar para un examen.

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Un buen amigo es aquel que se arriesga por ti cuando se lo pides, y un gran amigo el que no espera a que se lo pidas

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La gente se pasa la vida deseando las cosas equivocadas. El mundo confunde a la gente, y la gente ama y desea lo que no debería. Lo único que se necesita para ser feliz es desear lo adecuado en la medida adecuada.

viernes, 21 de mayo de 2004

Donde el corazón te lleve (Susanna Tamaro)

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Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.

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...la vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad de encontrar una diana.

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...la felicidad es, respecto a la alegría, como una lámpara eléctrica respecto al sol. La felicidad siempre tiene un objeto, somo felices por algo, es un sentimiento cuya exitencia depende de lo exterior. La alegría, en cambio, no tiene objeto. Te posee sin ningún motivo aparente, en su esencia se parece al sol: arde gracias a la combustión de su propio corazón.

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Tengo la sensación de que el funcionamiento de la memoria se parece un poco al del congelador. ¿Tienes presente lo que ocurre cuando de él sacas algún alimento conservado largo tiempo? Al principio está rígido como una baldosa, carece de olor, de sabor, está recubierto por una pátina blanca; pero cuando lo pones al fuego, poco a poco recobra su forma y su color, llena la cocina con su aroma. De la misma manera, los recuerdos tristes dormitan largo tiempo en una de las innumerables cavernas de la memoria; se mantienen allí durante años, decenios, la vida entera. Después, un buen día vuelven a la superficie, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso y punzante como lo era aquél día de hace tantos años.

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¿Sabes cuál es el error en el que siempre incurrimos? El de creer que la vida es inmutable, que una vez metidos en unos raíles hemos de recorrerlos hasta el final. En cambio, el destino tiene mucha más fantasía que nosotros. Justamente cuando crees encontrarte en una situación que no tiene escapatoria, cuando llegas al ápice de la desesperación, con la velocidad de una ráfaga de viento cambia todo, queda patas arriba, y de un momento a otro te encuentras viviendo una nueva vida.

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Durante esta noche repentinamente me había dado cuenta de una cosa, y era que entre nuestra alma y nuestro cuerpo hay muchas pequeñas ventanas y a través de éstas, si están abiertas, pasan la emociones, si están entornadas se cuelan apenas; tan sólo el amor puede abrirlas de par en par a todas y de golpe, como una ráfaga de viento.

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Cuídate. Cada vez que, al crecer, tengas ganas de convertir las cosas equivocadas en cosas justas, recuerda que la primera revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo, la primera y la más importante. Luchar por una idea sin tener una idea de uno mismo es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer.

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Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cual recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.

viernes, 26 de marzo de 2004

La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón)

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Un secreto vale lo que aquellos de quienes tenemos que guardarlo.

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Los regalos se hacen por gusto del que regala, no por mérito del que recibe.

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A él le hubiera gustado saber que alguien le quiería mantener vivo, que le recordaba. Solía decir que existimos mientras alguien nos recuerda.

sábado, 20 de diciembre de 2003

A la sombra del granado (Tariq Alí)

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¿Recuerdas la sombra del granado las noches de luna llena, Ama? ¿Recuerdas lo que decíamos? Si la luna está con nosotros ¿para qué necesitamos estrellas?

sábado, 29 de noviembre de 2003

La carta esférica (Arturo Pérez Reverte)

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Siempre hay un tonto que pierde. Y si miras alrededor y no ves ninguno, es que el tonto eres tú.

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La mujer es el único ser que no puede definirse con dos oraciones consecutivas.

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La vida de los hombres gira siempre en torno a una sola mujer: aquella donde se resumen todas las mujeres del mundo, vértice de todos los misterios y clave de todas las respuestas. La que maneja el silencio como nadie, tal vez porque ése es un lenguaje que habla a la perfección desde hace siglos. La que posee lucidez sabia de mañanas luminosas, atardeceres rojos y mares azul cobalto, templada de estoicismo, tristeza infinita y fatiga para las que [...] no basta una sola existencia. Era necesario, además y sobre todo, ser hembra, mujer, para mirar con semejante mezcla de hastío, sabiduría y cansancio. Para disponer de aquella penetración aguda como una hoja de acero imposible de aprender o imitar, nacida de una larga memoria genética de vidas innumerables, viajando como botín en la cala de naves cóncavas y negras, con los muslos ensangrentados entre ruinas humeantes y cadáveres, tejiendo y destejiendo tapices durante innumerables inviernos, pariendo hombres para nuevas Troyas y aguardando el retorno de héroes exhaustos; de Dioses con pies de barro a los que a veces amaba, a menudo temía y casi siempre, tarde o temprano, despreciaba.

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Durmió como si le fuera la vida en ello, o como si deseara mantener la vida afuera, a distancia, el mayor tiempo posible.

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De pronto se estremeció en su interior y algo cruzó su mente como un fogonazo cálido; y supo, naturalmente, que estaba allí porque un día iba a enseñarle algo a aquella mujer. (...) Iba a enseñarle algo que ella creía saber y no sabía; algo que ella no podía controlar tan fácilmente como los gestos, las palabras, las situaciones y, en apariencia, a él mismo. Pero había que esperar, antes de que llegara ese momento. Por eso estaba allí y no tenía otra cosa que la espera.

lunes, 20 de octubre de 2003

Seda (Alessandro Baricco)

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Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

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Tenía los labios entrecerrados, parecían la prehistoria de una sonrisa.

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Antes de salir, miró una última vez hacia ella. Le estaba mirando, con ojos completamente mudos, a una distancia de siglos.

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- Es un dolor extraño.
En voz baja.
- Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.

martes, 14 de octubre de 2003

El último Catón (Matilde Asensi)

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Debí recordar esa frase que dice: "Ten cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir".